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Rachelinlondon

¿No querías caldo?Pues tres tazas.

¿No querías caldo?Pues tres tazas.

Eso es lo que le pasa a mi hermana.

Aunque en este caso no son tres, son unos tres millones y medio  de tazas. Y a lo mejor me quedo corta.

Os cuento:

Yo, de pequeña, cuando se me metía algo en la cabeza, era insoportable.

IN-SO-POR-TA-BLE

Me pillaba unos cabreos épicos, que solían acabar con la Raquelita tirada por los suelos, berreando, roja como un pavo. Parecía que me habían poseído.

Mi pobre madre, que era la que normalmente tenía que aguantar semejantes pataletas, llegaba siempre a la misma reflexión:

“Tengo que dejarla, porque, o la dejo….. o la mato”

Con los años, la cosa fue empeorando, llegando a extremos insoportables en la adolescencia, que si siempre es difícil, en mi caso fue una tortura para pobre mi madre. (lo siento, mami…)

A mi padre, al contrario, parecía hacerle gracia ese estado de cabreo extremo, y muchas veces me lo provocaba él.

¿El sistema? Muy fácil:

Se le ocurría alguna tontería, o alguna frase que sabía que me iba a hacer reaccionar de ese modo (por ejemplo, le daba por venir a mi cuarto (me he pasado media vida allí encerrada, leyendo, era algo así como mí santuario, y no me gustaba que nadie entrara allí, por lo que  les dije que para entrar tenían que llamar a la puerta antes) llamar a la puerta, y salir corriendo. Yo me levantaba, abría y allí no había nadie. Igual os parece una simple broma, y lo era, pero llevado a extremos (10 o 12 veces seguidas) desquicia a cualquiera…siendo yo de poca paciencia y mecha corta, ya estaba la rabieta en marcha.

O, opción B, yo me enfadaba, pegaba un portazo, y él venía a mi lado y decía:”la pueeeeeeerta!”(Los que conocéis a mi Manolo sabéis el tono de voz que tiene, y el que pone cuando dice tonterías. Y seguramente lo habéis oído cabrearme más de una vez. Y, ara que pienso, seguro que me habéis visto tirada por los suelo, roja como un pavo…) Siendo mi padre lo pesado que es (eso también lo sabéis, seguro) nos podíamos pasar así una tarde. Yo portazo va, portazo viene. Y él:”la pueeeeeeerta!”:”la pueeeeeeerta!”:”la pueeeeeeerta!”

Mi hermana, a todo esto, decía tener la solución perfecta:

“Eso se le dan a la niña un par de guantazos bien pegaos, y se acaba la rabieta. Qué coño, tanto consentimiento y tanta cabezonería! Dos ostias bien pegadas es lo que necesita esta niña…”

Posiblemente llevaba razón.

Posiblemente esa hubiera sido una buena solución.

Lo que a la Lauri se le escapaba es que es duro pegarle un par de ostias a tu hijo, y que hay hijos que ya le puedes pegar todas las ostias de la conferencia episcopal…que ni por esas.

Y, ojo, lo que se le escapaba por completo a mi Lauriana era que……

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Podía ella tener un hijo que se me pareciera!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y lo tiene.

Pobre Lauriana, que va a los sitios agobiada, sabiendo que posiblemente el bonito día en el parque/la feria/la playa/el centro comercial/el zoo/casa de unos amigos/barbacoa acabará de la misma manera que acababan siempre nuestros días en ese tipo de eventos: con un niño tirado en el suelo, rojo como un pavo, como si lo hubieran poseído….

Por ser igual la situación, hasta a mi padre le hace gracia cabrear al niño, y ni de eso se libra…

Ay, Lauriana…..Que me da a mí que ahora lo de las dos ostias no va a funcionarte….

Lo dicho:

¿No querías caldo? Pues tres tazas.

Perdón, tres millones y medio de tazas. Y a lo mejor me quedo corta.

Por cierto, yo de pequeña me desquiciaba con la manera de ser de mi hermana, tan pava, tan….AGGHHHH, no puedo con cómo era.…

¿Adivináis que tipo de hijos tendré?

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