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Rachelinlondon

Que susto!!!!

Que susto!!!!

Hace unos días me llevé un susto de la ostia.

Por un momento, por unos breves y terroríficos instantes…¡¡¡¡¡dejé de ser yo!!!!!

Ese día vino el Javi de trabajar, con una noticia interesante: un compañero de trabajo, italiano él, va unos días a casa. Y teniendo un billete pagado de más (la historia de por qué lo tenia no os la explico, que tampoco viene a cuento), le dijo que si se iba con él.

Y entonces, ahí, en ese preciso momento, algo pasa que me salgo de mi cuerpo, entra en él alguien que no sé quien es, pero quiero creer que yo no era, y me oigo a mí misma diciendo:

-“Ah, no. Pos no vas, eh?”

¡¡¡¡¡¡¡DIOS MÍO DE MI VIDA!!!!!!!

Yo, que me he pasado la vida explicando a quien me quisiera oír que soy una mujer liberal, que irme de vacaciones con mis amigas es algo normal, aceptable y que un hombre que no entienda eso está hecho para mí, hablando como he hablado de la libertad individual, yo, que he pregonado a los cuatro vientos mi teoría de la araña (esto es, que todos somos como arañas, y tenemos varias patas en la que nos sostenemos. La pata de la familia, la de los amigos, la del trabajo, la de la pareja, la de las aficiones…y ninguna pata anula a las otras. No por tener trabajo voy a dejar de lado a mis amigos, pareja o familia, ni por tener aficiones o amigos o pareja voy a dejar de trabajar. Pero, por algún motivo, la pata de la pareja parece tener algún tipo de disfunción por la cual si tengo pareja, parece aceptado socialmente que no puedo irme de juerga con mis amigos, o ésta pareja pasa a ser mi familia principal, dejando a mi familia en un segundo plano, o que peligran por ésta pareja algunas de mis aficiones, caso de que mis aficiones fueran, por ejemplo, reuniones sociales con otros hombres (cualquier curso donde vayan mayoritariamente hombres, quedar con un compañero de clase para tomar algo y comentar las clases…).

Y yo me he rebelado sistemáticamente contra este comportamiento, que me parece obsoleto, cromañónico.

Pero el otro día, yo no sé que me pasó (abogo por la extraña e irreal pero reconfortante idea de que, como estaba en la bañera, el agua caliente me deshizo un poco el cerebro. Tanto calor no puede ser bueno.) Que me fui al otro lado y solté aquella barbaridad.

Gracias a Dios el sentido común acudió en mi ayuda, y reaccioné rápidamente.

Que a todo esto, mi Javiero no se lo tomó a mal, (no quiero ni pensar cómo me hubiera tomado yo la misma respuesta) y de hecho me costó un rato convencerle que debía ir, que razones las hay a montones (un billete regalao es un billete regalao, a mí Italia no me llama la atención (Demasiado cargante. Alguien que conozco me dio la definición perfecta: un parque temático de esculturas), posiblemente tardemos en ir, si vamos, que siempre habrá algún sitio más apetecible, y le sentará bien irse unos días y despejarse del trabajo.

Así que en mayo tendremos al Javi cuatro días en Italia, en un pueblito cerca de Milán, y a la Raquel durmiendo a pata suelta en Londres, sintiéndose sola y extrañando al marido, pero sin remordimientos.

Espero que lo de la transfiguración (por llamarlo de alguna manera) no vuelva a suceder, y seguir siendo yo misma hasta que me haga viejita y me muera.

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